martes, 20 de mayo de 2014

MAS VIVENCIAS

LA VIDA VISTA DESDE.... LAS ONDAS.


No podía faltar que yo hablara de las ondas, de la radio y las muchas noches que me ha acompañado.

Pero todavía más.

Yo en una época de mi juventud trabajé en la radio. Era en un programa de noche a nivel local en el que dejábamos los teléfonos abiertos para que la gente nos llamara y hablara, se expresara y contara lo que le apeteciera.

Como no nos oía ni Dios, nos llamaban nuestros amigos que se hacían pasar por insomnes. Supongo que la gente se daría cuenta que Miguel, Antonio y Juan; eran Arturo; nuestro amigo que llamaba cada noche para contarnos sus cosas inventadas.

Un día llamó mi madre haciéndose pasar por una señora que no podía dormir y me dijo que le dedicara una canción.

Como la conocía como si la hubiera parido, yo le puse:


Al día siguiente de repente entró Marina, y Marina no era conocida por ninguno, Marina era la única alicantina que probablemente nos escuchaba.

Marina me contó una cosa que le había pasado y me pidió que le pusiera una canción y nunca olvidaré que le puse:


A partir de esa noche, Marina nos dio suerte. Y fue llamando la gente, gente noctámbula que zapeaba en las ondas, a parte de que el boca-boca de Marina hizo mucho.

Al final, el programa desapareció pero fue una época entrañable de mi vida.

Desde entonces me encanta poner banda sonora a todo lo que me rodea.

Por eso, os propongo un juego.

Un juego que también es un agradecimiento a toda la gente que está leyendo todas estas cosas que estoy contando.

Más que un juego es un regalo, sí, quiero regalaros música, permitirme que os ponga vuestra banda sonora.

Debéis hacer esto:

  1. Cuéntame algo que recordéis, algo bonito que os haya pasado, algo triste, el primer beso, vuestro primero amor y dejarme la reseña en el comentario de esta entrada de mi blog.
  1. A continuación, dirígete a Facebook, y si no eres amigo a amiga mía, búscame y mándame una solicitud de amistad. Soy Jose Ram ON y acuérdate de, en el comentario, dejarme como te identificas en Facebook.

En unos días recibirás un regalo en tu muro, un regalo musical, un regalo que será la banda sonora de ese momento que para tí es especial y que has querido compartir conmigo.

Con todos esos momentos, haré algo, no llegará a ser un musical, pero vamos parecido, y será mi particular forma de agradeceros lo mucho que aprecio que estés ahí.

Hasta pronto.


sábado, 17 de mayo de 2014

CAPITULO I: LOS DESTERRADOS HIJOS DE EVA

EL PREVIO AL GÉNESIS.

¿Qué hace un mortal al día siguiente de su alta hospitalaria?

Levantarse cagado de miedo, prepararse un descafeinado y preparar las seis pastillas que tenía que engullir mi cuerpo. Ahí es la primera vez que echas de menos el no estar hospitalizado.

Había que ir al médico y solucionar el problema del móvil, vamos comprar uno que lo perdí en un cambio de habitación. Salí pitando de casa como si hubiera robado, además vestido de camuflaje, con gorra y gafas, parecía que quería que nadie me conociera.

Fui directo a El Corte Inglés, compré la blackberry, cambié la tarjeta y salí pitando al médico. Ahora debía preparar la coartada, es decir, cómo decirle a mi familia que no había estado 27 días de vacaciones en la sierra que había tenido una embolia y que no quería que se enteraran.

Por supuesto, la primera llamada fue a Vanesa, mi secretaria, la pobre sufridora, la que había aguantado las iras de mi jefe por culpa de mi convalecencia.

Fui breve, un nena estoy bien, no te preocupes. Ella lo fue más, nene esto es un infierno. Y lo era. Ese trabajo mío era un infierno, un infierno dirigido por un particular diablo que se creía que lo mejor para dirigir equipos era la política del miedo y el terror.

Ese jefe que fue capaz de decir en la empresa que a mí me había dado un ataque de ansiedad porque el trabajo me había copado, ese señor que un día me dijo que no estaba bien que yo fuera cariñoso.

¿Define cariñoso?, le dije un día.

Le aclaré que gracias a mi cariño gente como Vanesa, o Pilar se quedaban horas y horas en el trabajo, sin cobrarlas y sin subida de sueldo. El problema es que a mí me querían y a él lo odiaban pero se lo merecía por comentarios tales como "desabróchate un botón de la blusa que vienen unos colaboradores". Ese señor nunca entendió que nosotros vendíamos seguros, no tetas.

El seguía preocupado por el tiempo que iba a estar de baja, así que le dije a Vanesa que le enviaría la baja por mail, mi trombo no me permitía escuchar su voz.

Todo eso mientras iba en un taxi recorriendo el corto camino desde Serrano hasta la calle Fúcar que era donde estaba mi ambulatorio.

No estaba mi médica de siempre, había sustituta, por cierto una niña muy eficiente y muy atenta que me recibió como si fuera un campeón.

Me animó, me motivó y encima me dio fuerzas para que luchara diciendo ese tópico típico de que lo peor había pasado, y es que estas palabras las empiezas a escuchar y, en repetidas ocasiones, y en distintas bocas.

Me dio la baja, bueno la baja, las confirmaciones de baja y la recontra-baja, y a mi pregunta de cuando podría empezar a trabajar, ella me miró y me dijo:

- Por el momento, eso no te debe preocupar y yo no soy adivina. Tranquilidad es lo que necesitas.

Estaba claro, esto iba para largo y así se lo comuniqué a la fiera de mi jefe que me respondió por mail con un escueto, OK.

Estaba claro, su madre sería una santa pero él era un mal nacido, en español, un hijo de puta.

Sin tiempo para cerrar el correo, en el móvil suena una llamada y en la pantalla, aparece un nombre, Isabel.

No estaba preparado para hablar con mi hermana, así que no le cogí el teléfono, además ahora venía el otro problema, ¿qué hace un post-embólico con tantas horas que tiene el día?

Dios mío, yo no estaba acostumbrado a tener ocio.

Como me dijeron que andara eso hice.

Dirigí mis pasos al Retiro, me encantaba el Retiro, sobre todo entrar al Parque por la puerta que hay enfrente del Casón del Buen Retiro.

Me senté en un banco viendo la majestuosidad de ese sitio, de ese entorno, bonito Madrid, sin ninguna duda.

Cogí móvil, y marqué número y puse cara de sonrisa.

- Isa mi amor, soy yo.
- ¿Dónde estas? ¿Qué pasa? ¿He llamado a tu trabajo y me dicen que estás de baja? ¿De baja de qué?
- Y, ¿para qué has llamado al trabajo?
- Pues hijo, te llamo antes y no me coges el teléfono, quería saber que tal en la Sierra.
- En la Sierra, genial hermana, genial.
- Y de baja, ¿qué? Anda que tú también caer de baja el día que te incorporas, tienes cojones.

Y creo que sí, tenía muchos cojones pero en esos momentos no sabía como usarlos. 

¿Cómo explicar a la persona que más quieres en este mundo que, en realidad, no has estado en la Sierra y que verdaderamente has estado 27 días ingresado por una embolia?

Le eché huevos.

- Isa, ¿estás sentada?
- Si claro, a las 11 de la mañana voy a estar sentada, querido, tu hermana curra.
- Pues bueno, te recomiendo que te sientes.
- Nene, ¿qué pasa?

La conexión que mi hermana y yo habíamos tenido en toda la vida resurgió como un trueno. Mi hermana era como mi madre, cuando me encontraba mal, siempre, siempre sonaba el teléfono, era siempre ella.

- Nena, primero estate tranquila, ¿vale?
- Suelta ya lo que me tengas que decir.
- El día 1 tuve una embolia.


A partir de esa palabra: embolia, sólo oí, gritos, llantos, gritos, sollozos, mucho “yo sabía que pasaba algo”, más de “”por qué no me has avisado”, algunos “te mato”, varios “estas locos”, “no me gusta lo que has hecho”..............

Sólo sentí que colgó.

Creo que lo agradecí, lo que menos me apetecía era dar explicaciones porque era posible que las explicaciones hicieran daño.

Respiré profundamente y dirigí mis pasos hacia el lago. Descubrí a un señor que tocaba el violín, me senté enfrente de él y me dí cuenta por primera vez que salvo algunos turistas de esos perdidos, sólo estábamos por la zona unos ancianos y yo..... ¡Qué triste¡ Fue la primera vez que me sentí un pelín inútil y con esto no estoy diciendo que los ancianos sean inútiles, es que me sentí como un jubilado más.

El sonido del violín se vio corrompido por el sonido de mi móvil, en pantalla de nuevo Isabel:

- Acabo de hablar con Rafa (Rafa era mi cuñado), ya viene a recogerme y nos vamos para allá.
- Vamos a ver Isabel porque no dejas que hable y te explique, ya estoy de alta, estoy bien, que vengáis es un lío, y aquí en definitiva, ya ha pasado lo gordo.
- Y ahora, ¿dónde estas que oigo un violín?
- En el Retiro.
- Pero madre mía deberías estar a reposo, ¿te ha quedado alguna parte paralizada?
- Isabel, ha sido una embolia pulmonar, no me mates aún.
- De fumar, eso de fumar... prepárate que no va a haber Castellana para que corras de las hostias que te voy a dar. Te dejo.

Y me dejó.

No colgué, me entró otra llamada, en pantalla Rafa, mi cuñado:

- Cuñado, ¿qué es eso de una embolia tio?
- Rafa espera que te cuente.
- ¡Qué me cuentes¡ Voy ya a casa a recoger a tu hermana que nos vamos para allá.....

Le conté y me entendió.

Eran las doce, estaba en el Lago del Parque del Retiro y mi hermana con mi cuñado y su coche venían a Madrid a auxiliar a su hermano convaleciente.

¿Qué hacer?

Ir para casa, pero tranquilamente; me lo tomé con una parsimonia total.

Paré en la Puerta del Jardín Botánico porque mi vecina Mari estaba con su libro y con su plante en su sitio de siempre. Mari era una solterona empedernida que vivía en mi mismo bloque y con la que congenié enseguida, sobre todo, en las horas de café y con nuestras charlas arreglando el mundo. Ella siempre me decía que si me hubiera conocido con 15 años menos me hubiera pegado un polvo. Nunca me quedó claro si esos quince años menos eran para mí o para ella.

Me cayó otra bronca y no lo entendía porque para mis adentros lo que hice, lo hice porque lo hice. Es curioso pero, por norma general, los seres humanos siempre nos quejamos de lo que podíamos haber hecho, sin considerar que a lo mejor no era necesario hacerlo.

Mientras en el reloj; la una, un día muy largo. Mari se vino conmigo de vuelta a casa porque quería que comiera con ella, cocido que me encantaba... ahora qué cocido en Julio era la comida menos apropiada.

Llegamos a la una y media a casa. Yo vivía en el bajo y ella en el ático y ni pasé por mi hogar, me subí directo.

Sonó el móvil de nuevo, los viajantes ya iban por Albacete, así que para atenuar la bronca le pedí a la Isa que comprara Miguelitos en la Roda y, así comían algo.

Eso me daba una tregua.

Lo de comerme el cocido fue una odisea porque en pleno Julio y con los vapores llegaron los sudores pero me sentó de perlas.

Mari me dijo que me echara en el sofá pero preferí bajar a casa para esperar a esa familia que venía a ver al enfermo.

Allí ahora en mi casa, sentado en mi sofá rojo, con el silencio que caracterizaba a la calle San Pedro que era donde vivía, se me empezaron a acumular muchas imágenes, imágenes en la que mi familia era la protagonista.

No pude reprimir el instinto de echar de menos a mi madre, ella había fallecido dos meses antes de lo mío. Creo que agradecí eso, así como suena, no creo que hubiera soportado que mi madre me viera en esa situación.

Vi a mi hermano y su eterna ausencia, su eterna parsimonia y su vano e infructuoso deseo de convertirse en el cabeza de familia desde que mi padre falleció, un fracaso, como toda su vida.

Vi a mis amigas Prado, Belén y Sonia no matarse nada por mí, cuando se enteraron de mi convalecencia, su absoluta frialdad y mi gran decepción.

Y vi muchas realidades que me suponía pero que no quería aceptar.

La madre enfermera una noche en el Hospital, me dijo eso, eso que sabía y que no quería escuchar eso que me jodía que me dijeran, eso de que soy un sumiso, un puto sumiso a modo de marioneta, movido cada vez por los hilos de todo aquel que le apetecía.

Pero bueno, mi filosofía era la de “yo no follo pero no jodo”, y sentía en mis carnes como muchos y muchas me habían jodido, vamos me la habían metido, sin goma y sin vaselina. Hubiera preferido que me hubieran follado, al menos gozas.

Ese maravilloso panorama se vio turbado de nuevo por un ruido, el del timbre. 

Miré el reloj y era imposible que mi cuñado hubiera recorrido 400 km en tan poco tiempo incluso habiendo parado para comer y comprar Miguelitos.

- ¿Quién?, dije por el interfono.
- Soy yo hijo, cariño.....

Mi hermana, llorando. Cuando mi hermana lloraba era como mi madre, era un llanto tan profundo y tan desgarrador que te hacía temblar. Dí al portero automático y abrí la puerta de casa, al fondo; ella, mi hermana, llorando, y con toda la cara manchada de negro porque el rimmel se le había corrido.

Andamos uno hacia el otro por el rellano de esa escalera y nos fundimos en un abrazo. No me dijo nada, sólo me abrazaba con un abrazo con el que sentí vida. De vez en cuando, me apartaba, me acariciaba la cara, me besaba. En un momento de disociación mental, hasta creí que era mi mamá la que estaba con su hijo, esa mamá que perdí sin poderme despedir de ella.

Se apagó la luz de la escalera y en ese momento fue mi cuñado el que rompió el encanto de esa escena cuando con todo su “papo” dice:

- Joder cuñado, pues la embolia te ha sentado de puta madre.

Ese era mi cuñado, el eterno metepata, pero gracioso. De los típicos tíos feos pero que con la boca cerrada hasta parecen guapos.

Era cierto, y a partir de ahí esa frase también la empecé a oír mucho. Cada vez que decía que me había dado una embolia, todos decían que me veían muy bien.

Es por ello que desde entonces recomiendo que nada de bottox, ni regímenes de adelgazamiento, ni operaciones de estética, no; un TEP, un tromboembolismo pulmonar es lo ideal.

Después de la escena lacrimógena de la escalera entramos en casa. Ella me agarraba de la mano y nos sentamos en el sofá. Me acarició de nuevo la cara y me dijo:

- Tranquilo ya estoy aquí para cuidarte.

¿Cuidarme?, por Dios me sonó como una losa.

Tenía que tomarme el Sintrom. Así que le tuve que explicar que era eso, para que servía esa medicina.

Como siempre en esos 28 días de toma de Sintrom, a la media de hora de caer en mi estómago tuve que ir al aseo, el dolor y la hemorragía eran mis efectos secundarios.

El cuarto de hora que estuve en el aseo estuvo acompañado con un ¿Estas bien? de mi hermana cada 30 segundos.

Oculté la hemorragía y la disfracé con diarrea.

Ya cuando salí del aseo, ambos dos se habían hecho amos de la parte de arriba de mi casa que ubicaba la habitación. Yo volví a sentarme en el sofá rojo mientras la Isa desde arriba, me planificaba mi post-operatorio. Ella empezó a dominar la situación, mandaba a mi cuñado cómo deshacer la maleta, mandaba a mi cuñado que tenía que ir a comprar, mientras llamaba por el móvil a mis sobrinos para decirles que ya habían llegado. 

Mi hermana es el único animal que puede hacer cinco cosas a la vez.

Y entonces fue cuando dijo:

- Me pongo cómoda y me cuentas todo mientras Rafa va a comprar comida, ahora tienes que comer sano.

Era conveniente entonces que me relajara, era conveniente que yo también me pusiera cómodo pero también era conveniente que merendara. 

Merienda rápida, descafeinado y unas galletas.


viernes, 16 de mayo de 2014

VIVENCIAS

LA VIDA VISTA DESDE LOS OJOS NEGROS DE UN JOVEN SIN INFANCIA.

Esta es la historia de Ivan, un chaval de 22 años que sorprende por su exagerada madurez y por su exagerada fragilidad.
Conocí a Ivan hace 6 meses a través de un Programa de Reinserción de jóvenes con problemas, y creo que fue un flechazo..... en el mejor sentido de los flechazos.
En ese grupo había 6 jóvenes cada uno con sus historias particulares, pero nada más verlo, me dije que Ivan me producía una cierta ternura, aún más, el sentido paternal que nunca he tenido se me salía a arrobas, y eso lo tenemos prohibido.
Nuestra primera tarde, enseñándole a dividir, no dividimos; hablamos, y mucho.


Bueno sólo hablaba yo, pero es que el no paraba de preguntar. 


Así que cuando hace dos semanas le dije que le iba a hacer una entrevista para publicarla en mi blog, me sentó mal que me dijera que no. Sólo me dijo que yo sabía su historia y que la contara con toda la frialdad que usó él para contármela la segunda tarde que nos vimos.


Por mi parte, entiendo que es muy importante que todos conozcamos lo que algunos seres humanos han sufrido por el “por si acaso” se puede evitar.
Ivan no tuvo infancia, bueno sí la tuvo, pero no fue la infancia de un niño normal.
Ivan vivió en un entorno en el que su padre, alcohólico, ejercía no sólo un maltrato psicológico sobre su madre sino un maltrato físico, que al final se extendió a todos los miembros de esa unidad familiar formada por ese matrimonio, ese niño y una niña dos años menor que Ivan.


Un día en la vida normal de Ivan y su hermana, pasaba que a las 8 de la tarde, que era cuando su padre llegaba a casa, su madre los metiera en el armario. Y los metía para que no sufrieran o eso les decía ella. Era la única forma en la que esa loba protegía a sus lobeznos, apartándolos del macho alpha de la manada....pero es que ni los animales hacen eso.
Ella decía que si su padre no veía a sus niños se ensañaría con ella, descargaría con ella toda su rabia y no con ellos.
Ivan desde entonces tiene miedo a la oscuridad y se eriza cada vez que oye gritos o algo que suene a golpes.
El punto de inflexión lo marca una noche en la que metido en el armario tapando los oídos a su hermana; oyó a su madre gritarle a ese criminal, QUE ME MATAS, QUE ME MATAS...........
Salió del armario, porque no sólo algunos salen del armario, y al dirigirse al aseo vió a su padre, el criminal, encima de la madre agarrándola por la cabeza y golpeándola en el suelo, me contaba que muchas veces y que sonaba a hueco.
Es cuando fue a la puerta de su casa para salir a la escalera a gritar pero al ver que estaba cerrada.... salió al balcón y, esa voz que nunca había salido, esa voz y ese silencio que siempre le caracterizaron; se transformaron en gritos, gritos del silencio, y gritó, y gritó pidiendo ayuda y socorro, pidiendo ayuda, gritaba MI PADRE ESTA MATANDO A MI MADRE.


NO RECUERDA NADA MAS.

Sólo que el asesino salió corriendo, ese cobarde abrió la puerta y huyó.
Que recuerda a su madre con toda la cabeza llena de sangre y que su hermana lloraba.
Cuando los vecinos entraron después del jaleo y con la puerta abierta; dicen que Ivan tenía en la mano un cuchillo y que costó quitárselo. El me confesó que lo cogió para matar a su padre.
Del resto, sólo puedo decir y digo, que se necesita urgente un cambio de legislación para estos casos, algo efectivo y eficiente.... algo que de seguridad a las victimas, algo que de futuro y estabilidad a las victimas, algo que les haga humanos.... normales.


Y al maltratador lo siento, pero ni agua.


Ivan no tuvo infancia pero tiene un futuro muy prometedor.
Ahora trabaja a media jornada como reponedor en un supermercado, gracias desde aquí a las muchas empresas que tienen programas de reinserción, estudia por la tarde en la escuela de mayores para sacarse el graduado escolar, y lucha por grabar una maqueta porque es un buen rapero, uno de los mejores de Alicante.
Yo ya le he prometido que seré el Presidente de su club de fan, pero hasta que no se saqué el graduado escolar, ya sabe que nada de nada.
Cuando le pregunté, ¿cómo ves ahora la vida?
Me miró, creo que se le hizo un nudo en la garganta y me dijo:

- No lo sé pero tú por si acaso estate localizable.


Sobra decir que aquí estoy, aquí me tienes y cuidado, de nuevo te repito una cosa; yo a tí no te ayudo, tú eres el que a mí me has enseñado muchas cosas, me has enseñado a valorar muchas cosas que antes para mi pasaban desapercibidas, y sin duda, llenas una parte muy importante de mi existencia y de la de mucha gente que tienes a tu alrededor.
Disfruta los momentos pero, por favor, aprovecha eso que ahora tienes, sé tenaz, estudia, lee, y, sobre todo, sé un joven y disfruta de tu juventud, por la infancia que nunca tuviste.
Y ya sabes lo que los expertos te dicen, todo llegará y llegará ese momento en el que puedas mirar a tu madre a los ojos, que ella te mire y os podáis fundir en un abrazo.
Te aseguro que ese día no me lo voy a perder por nada del mundo....ese día también estaré en primera fila y nunca lo olvides, somos muchos los que te queremos.
Después de la tarde en la que le conté que iba a escribir esto, él me dijo cómo podría pagarme todo lo que había hecho por él, que sólo ha sido enseñarle matemáticas.


Muy fácil.... cuando ganes el Grammy al mejor rapero, acuérdate de dedicarlo a la cándida adolescencia....... tu y yo sabemos eso de dónde sale.



Así que como alguien dijo una vez..... BRINDO POR LA CÁNDIDA ADOLESCENCIA.


lunes, 12 de mayo de 2014

LOS DESTERRADOS HIJOS DE EVA

EL PROLOGO: Los ángeles no tienen sexo, ¿verdad?


Fue curioso pero cierto,
los ángeles no tienen sexo, verdad?
Un ángel me visitó en una noche.

Creí que era un sueño pero no,
lo sentí sobre mí, cerca tan cerca,
como a menos de un palmo de mi cara.
Me miraba, me tocó, creo que hasta me acarició.

Desplegó sus alas y ocupaban toda la habitación
y me tapó con ellas porque tenía frío y así,
estuve toda la noche.

Algo me perturbó y desperté,
y ahí seguía el ángel a mi lado mirándome.
¿Qué miras? Le dije; a ti, me respondió.
No me sorprendió incluso me halagó.

Plegó sus alas, y salió de la habitación
y una incertidumbre vagó en mi alma;
así que le seguí.

Cuando salí al pasillo, se dio la vuelta,
me miró y con sus ojos me dijo:
No me sigas, no es tu hora.
No le entendí, no le quería entender.

Volví a mi cama y la incertidumbre
se convirtió en desazón por qué era un ángel
o era la muerte disfrazada de ser alado.

Desperté húmedo, un sudor frío recorría
todo mi cuerpo pero no le hice caso;
olvidé y me moví.

Media hora duré.

Ese sudor frío se transformó en dolor
y mi cuerpo se desplomó....
Entonces le volví a ver.

Me besó y de nuevo me repitió:
No es tu hora, no es tu hora, despierta y vive.
Y desperté y por el momento, vivo que no es poco.

Los ángeles no tiene sexo, verdad?... o sí.

No me importa porque yo puedo decir
que un día vi a la muerte vestida de ángel ….
nunca te olvidaré.

Julio, 2012

Supongo que esa fecha nunca la olvidaré, era el día de la Inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres y a las tres de la tarde me encontraba en la puerta del Hospital Jimenez Diaz de Madrid, mi ciudad, la ciudad que me había acogido durante trece años; la ciudad que nunca me falló.

La puerta se abrió porque entraba y salía gente y yo estaba allí con Lola, Nieves y María, las enfermeras de la sexta planta del hospital que me cuidaron hasta la extenuación durante 27 días.

Sinceramente estaba cagado de miedo pero contento, me habían dado el alta y eso significaba que vivía pero el mundo se cernía pertubador detrás del umbral de esa puerta.

- Bueno chicas que me voy, les dije.

Lola enseguida agarró la conversación, ella era una experta en el verbo como buena monja enfermera:

- Tienes nuestros teléfonos, y llevas los partes de citas en la documentación que te hemos dado.
Madre que no soy tonto, y creo que no me he quedado tonto.

El resto no hablaba, me miraba y atisbaba cierto lagrimeo en sus ojos, lagrimeo que no me gustaba porque yo cuando veo llorar, lloro.

- ¿Vienen a recogerte?
- Seguro que no, respondieron el resto a la vez.

No avisé a nadie, de nuevo quería pasar mi particular sufrimiento sólo.

- Coge un taxi, mejor.
No, quiero ir andando, después de tanto tiempo en cama quiero estirar las piernas.

Lo único que ande en esos días eran los 59 pasos de ese pasillo de la sexta planta.

- Venga me voy.

Todas me abrazaron, la verdad que nos fundimos en un abrazo que desplegó mucho calor y es que siempre he necesitado el calor humano y algo me había quedado claro en esos días de hospicio.... El niño que llevaba dentro no había crecido.

Y atravesé la puerta mientras la monja enfermera y el resto del equipo, me gritaban piropos que me hicieron hasta sentir un tío bueno, a pesar de que mi faz estaba demacrada y que cogí cierto color gris de los tubos fluorescentes.

Ande  y ande, dirigiendo mis pasos a la Gran Vía quería sentir a la gente aunque cada 59 pasos me paraba para sentarme.

Tardé hora y media en llegar a Callao, mientras miraba a la gente que me rodeaba, gente que no conocía de nada pero que desprendían vida, esa vida a la que me agarré como un niño se agarra por las noches a su osito de peluche.

Después de dos horas y media llegué a las puertas de Congreso de los Diputados y mi casa estaba cerca. Ya sentía los efectos de eso que me pasó, cansancio, mucho cansancio, pesadez en las piernas y ese dolor en el costado izquierdo que era como una punzada que de vez en cuando, me recordaba que un día vi a la muerte.

El asunto es que no me apetecía llegar a casa y estar solo. Paré en una cabina porque mi móvil se perdió en uno de mis múltiples cambios de habitación y marqué el teléfono de Belén:

- Hola nena soy yo.
Ramón, ¿donde estas?
Pues ahora enfrente del Congreso y tú.
Estoy en Mosto les en casa de mi hermana, me podrías haber llamado antes.

El resto de la conversación no tuvo ninguna importancia y es verdad podría haberla llamado antes, pero también es cierto que cuando a ella la abandonó su marido, yo tardé cero coma en llegar a su casa. Todo apuntaba a que vería sólo la Inauguración de las Olimpiadas.

Llegué a la puerta de casa, entré corriendo, no quería ver a ningún vecino ni dar explicaciones y esas cosas.

La casa seguía igual que quedó ese lunes y en la mesilla seguía ese paquete de Fortuna con 19 cigarrillos.

Lo cogí y tiré uno a uno por el water, sin piedad, sin miramiento, sin rencor, sin ira, y lo mejor no tenía mono.

Estas eran las nuevas normas, nada de fumar, nada de beber, ejercicio, anda veinte minutos al día, verduras, nada de sal, nada de fritos y bueno, creo que por el momento follar tampoco y no, por prescripción facultativa.

Una de las secuelas, si lo confieso, fue que desde ese día mi hermano menor no despertaba. El médico decía que era lógico y que no me preocupara, que algún día mi hermano menor volvería a ser lo que era, aunque sinceramente mi cuerpo no estaba para erecciones.

Me senté en el sofá y organicé todo el arsenal de medicación que tenía que tomar desde la pastillita para la tensión hasta el maldito Sintrom, esa droga que cada vez que entraba en mi cuerpo me descomponía.

Y las inyecciones, la eparina que me salvó la vida creo. Curioso yo que odiaba las agujas me había convertido en un perfecto bandillero.

No tardé nada en subir a mi habitación, vivía en un piso muy cuco en el Barrio de las Letras de esos en forma de loft con una naya donde tenía mi dormitorio.

Cuando me desnudé y me ví en el espejo, me dí asco, aunque una sonrisilla recorrió mi cara al ver los rodales sin pelos en mi pecho para que las ventosas de los cárdios pegaran bien.

- Se acabo a partir de ahora me depilo.

Mis brazos llenos de moratones cual adicto a la heroína; de las múltiples veces y veces que me sacaron sangre, y mi barriga plagada de marcas por el efecto de la eparina.

Mire a mi hermano menor y le dije:

- Vamos que no estamos para trotes.

No ví la famosa Inauguración de los Juegos Olímpicos, me quedé dormido, no sin antes ingerir la dosis de pastilleo correspondiente.

A partir de entonces, iba a ser un hombre pegado a una pastilla; bueno a varias; y como Scarlett O'Hara yo también me dije eso de.... lo pensaré mañana.

Tenía muchas cosas que pensar.

domingo, 4 de mayo de 2014

LOS DESTERRADOS HIJOS DE EVA

LA VIDA VISTA DESDE LOS OJOS MIOPES DE UN IDEALISTA


A Hugo Neyda le conozco desde hace 48 años.


Hugo nació en Alicante concretamente, en el Barrio de Santa Cruz, el típico barrio alicantino y cerca de la Ermita de San Roque además.


Es Piscis y, un buen Piscis, soñador, creativo, romántico, idealista, respetuoso, alguien que no pasa desapercibido y alguien con un hombro y espaldas anchas en el que puedes confiar.


Culto e inquieto, preocupado y comprometido; y, sinceramente yo que le veo desde fuera estoy convencido que la vida no ha sido justa con él.


Pero es un luchador nato, alguien con el que me gusta hablar porque cuando hablas con él, te hace sentirte a gusto, y lo más importante, sabe escuchar. El mayor defecto de la sociedad actual, no escuchamos.


Ahora está en una fase muy creativa de su vida, por eso quiero saber cómo se siente y, sobre todo que me presente algo de lo que sé que se siente muy orgulloso, algo que ha venido escribiendo con experiencias, sus experiencias vividas en estos dos últimos años.


Algo que ha dado en titular Los desterrados hijos de Eva, un libro autobiográfico que algún día dará que hablar.

Me reúno con él en la terraza de mi nueva casa y le dejo que me cuente las experiencias de un hombre idealista con vista cansada y con mucho que decir.


YO: ¿Por qué Los desterrados hijos de Eva?
HUGO: Bueno quería buscar un nombre único y enseguida me acordé de una parte de la Salve que dice eso de "A tí suspiramos, los desterrados hijos de Eva" y me gustó. No sé, los hijos de Eva sufrieron el pecado de su madre y yo he contado los míos.
YO: ¿Has pecado mucho?
HUGO: Bueno, digamos que si pusiéramos en una balanza en un 50 %, pero mis pecados siempre han sido veniales.
YO: ¿Qué te llevó a escribir el libro?
HUGO: Bueno tú mejor que nadie lo sabes, después de un pequeño problema de salud padecí insomnio y para acompañar a mi amiga Soledad me puse a escribir un libro que empieza un Julio de 2012, con un hecho que ha marcado mi vida.
YO: ¿Es lo primero que escribes?
HUGO: No. He escrito siempre pero siempre me ha dado vergüenza que la gente lo leyera. Lo primero que escribí digno, se publicó en una cosa que patrocinó la Diputación de Alicante y que se llamó El libreto del Dex-amor. Yo escribí un texto que acompañaba un grabado del artista alicantino Ricardo Olivares que se llamó Karydis. El grabado era una alegoría de la desnudez femenina y mi texto, según me comentaron, provocó muchas erecciones. Después nació, La mujer árbol, que lo escribí en honor a mi gran amiga Mara y fue un regalo para su cumple. Ella presentó, sin decirme nada, eso en un Certamen de Cuento Erótico y gané. Gané un viaje a Canarias, que disfruté como un enano. Después de eso mucho relato corto, muchos regalos, hasta que una embolia me inspira esto que he escrito.
YO: Yo que lo he leído me resulta muy impactante, en ocasiones incluso muy descarnado, ¿era necesario que destriparas tu alma?
HUGO: Sabes creo que necesitaba hacerlo. Tú, mi hermana y mi sobrina, junto con mi mejor amiga y los señores que ahora tienen en manos el texto, sois los únicos que lo habéis leído y me sorprende que todo el mundo me diga que llora. Me ha quedado una extraña sensación porque, ese no era mi objetivo, no quería dar pena, ni inspirar tristeza, pero si es cierto que tenía muchos sentimientos a flor de piel.
YO: Eres consciente que mucha gente está pintada en el libro y que algunos no salen bien parados.
HUGO: Lo sé, pero en definitiva, era lo que me ha ocurrido, es lo que ha pasado. Quizás el peor parado sea mi propio hermano, pero en definitiva, es lo que pasó y así lo he contado. Espero que no me guarde rencor, porque yo no se lo he guardo a él. Sabes una cosa, te das cuenta de lo que tienes cuando te falta pero te das cuenta de lo que tienes cuando lo necesitas y tú lo has dado y no te lo devuelven. En estos dos últimos años he tenido muchas desilusiones, muchas situaciones complicadas, pero ahora tengo a mi alrededor lo que verdaderamente merece la pena.
YO: ¿Sientes odio?
HUGO: No creo que realmente sea odio. ¿Sabes una cosa? Muchas de las cosas que me han pasado muy en el fondo de mi corazón, las esperaba, así que no me han sorprendido mucho. Pero a lo largo de mi vida he aprendido que la gente es como es y yo no soy nadie para cambiarlas, eso sí, ahora ya he aprendido a prescindir de esa gente que no me interesa, antes los adoptaba y la carha se me hacia muy dura.
YO: Para todo el que nos lea ahora, ¿Qué se va a encontrar en Los desterrados hijo de Eva?
HUGO: Pues el libro cuenta mi historia, la historia de Ramón que un día sufre una embolia y se da cuenta que la vida es efímera pero que es bella, y se agarra a la vida como la rémora al tiburón. Pero los verdaderos protagonistas de la historia son todos los desterrados hijos de Eva que se cruzan en la vida de Ramón, desde la viejecita Ana que le ayudó a vivir, Miguel que cargó con él para meterlo en un taxi y llevarlo al hospital, hasta Lola, una enfermera que lloraba porque Ramón no quería llamar a nadie, o Paco que murió en la habitación donde Ramón estaba ingresado. En definitiva es la historia de mucha gente, gente buena y gente no tan buena a ojos de Ramón, y de cómo los seres humanos podemos llegar a ser crueles. Ramón al final, sabe que la única que le responderá es quien siempre le ha respondido, y narra la relación con su hermana, su amiga, casi su madre, la que siemore ha cuidad y protegido durante su vida. Es el sentimiento de protección que Ramón siempre ha propiciado en su vida y, con mucho, se da cuenta que vivir es bonito, y que ahora sólo se rodeará de la gente que verdaderamente le quiere. Y nunca lo olvides puedes tener un Ramón justo a tu lado.
YO: Sin ninguna duda, Ramón también soy yo.

Yo que he leído el libro puede deciros que está impregnado de mucha humanidad, además de que está escrito en una estructura muy original. Cada capítulo lleva una introducción a modo de poesía que resume el contenido del libro y me quedo con ese relato que se titula Los ángeles no tienen sexo, verdad?, en el que conoceremos la cara de la muerte, esa muerte que un día le visitó.


Este libro, y con permiso de los señores que tienen el manuscrito en un cajón, se va a publicar en este blog. Los Dueños del cotarro quieren saber cómo encaja un libro sobre la vida de una persona anónima en la sociedad de hoy, en la que lo único que se escuchan son problemas.


Así que este blog se va a convertir en una verdadera mina de vivencias, en muchas formas de vivir la vida.


El blog irá intercalando las vivencias de gente que ahora lucha, gente con algo especial, con las vivencias de un desterrado hijo de Eva.


Todo un lujo, así que avanzo que próximamente:


  • Conoceréis la vida vista desde los ojos de Ivan, un joven con una infancia muy complicada pero con un futuro muy prometedor.
  • Lo siguiente será el estreno del Prólogo del libro de Hugo Neyda. Un prologo que se titula, ¿Qué hecho yo para merecer esto?


Ese será el alimento de este blog que pretende, no ser un típico blog, pretende ser parte de vuestra vida...... una vida vista desde unos ojos marrones.